
¿Qué relación guarda “El malestar docente” con nuestra historia personal y qué hacemos o podemos hacer para combatirlo?Recuerdo aquel primer día en que me inicie en la docencia, una mezcla de emociones me embargaban, ansiedad y alegría; una presentación cordial para liberar un poco la tensión, de la misma manera se establecieron los lineamientos que seguiríamos para la clase. Decirlo fue sencillo llevarlo a la práctica no tanto. Tuve que pagar la factura de la inexperiencia, como ya se menciono los conocimientos estaban, las estrategia pedagógicas adecuadas para transmitirlas no eran las mejores. Así tuve que iniciar, corrigiendo errores y desde luego aprendiendo de ellos. Los cuales han contribuido para formar el profesional que ahora soy.A continuación un camino, de 11 años, lleno de diferentes sentimientos, pero que sin duda alguna han marcado para siempre mi vida, la convivencia con la juventud una gran satisfacción; con esto no quiero decir que ha sido fácil caminar, al contrario, ha estado lleno de diferentes facetas, como todo, pero que sin duda puedo decir que estoy satisfecho.El aprendizaje continuo, sigue siendo una experiencia enriquecedora en todo sentido, tanto en conocimientos como en el trato cotidiano con la juventud. A propósito de ello, cuando era estudiante, si hace algunos años, veía a mis “maestros” como a seres de otro mundo, los visualizaba en un pedestal al que no se tenía acceso, tal vez solo fue mi impresión lo que no me permitió tener un acercamiento más estrecho con ellos. Ahora me doy cuenta que somos iguales, seres humanos de carne y hueso, con virtudes y defectos como cualquier persona, pero dentro de la educación desempeñamos un papel diferente al de los jóvenes, la de intentar por todos los medios posibles obtengan un aprendizaje significativo. A lo cual menciona Rius “Los niños tratan al maestro como a un amigo, a un igual. Esto crea un lazo de confianza que no existe en la escuela tradicional”[1]. Siempre me ha gustado la cordialidad con mis “compañeros” lo que me ha ayudado dentro del salón de clase a desarrollar mejor mi trabajo. Algunos jóvenes no tienen esta apertura, respeto su decisión, pero insisto en esta amistad. Inclusive les sugiero se acerquen a la lectura que anteriormente mencione.Ayudarles a conocerse a si mismo y a entender el mundo cambiante en el que vivimos es una labor que lleva su tiempo y se requiere de sacrificio de las dos partes; generar inquietud, curiosidad e investigación la premisa, haciendo hincapié, que los conocimientos no están solo en el salón de clase, gran parte de ellos los encontramos en fuentes muy diversas como; revistas, videos, libros, Internet, etc. pero hay que interesarse para poder acceder a ellos. La televisión, radio o algunos medios impresos no son fuente confiable de información, conforman los medios que invaden nuestra cultura, imponiendo condiciones que solo le conviene a unos cuantos, “La sociedad teledirigida”[2]. Todos podemos ver la parte del iceberg que sobresale del agua, pero solo algunos pueden ver la parte que se encuentra debajo del agua; los que investigan, los que piensan, los curiosos, los críticos, etc. A una educación con estas características aspiro e intento fomentar.La constante motivación para alcanzar los objetivos deseados, es una premisa, pero para lograrlo se requiere carácter y mentalidad, para que cada uno pueda alcanzar un bienestar social, forjado en su proyecto de vida.Al final de cada curso solicito a los estudiantes hacer una evaluación de la clase, con la finalidad de entender situaciones que pueden pasar desapercibidas para mi, de esta manera me retroalimento, para corregir aquellos detalles en los que se fallo.Toda aventura trae emociones, disfrutémoslas al máximo.Saludos[1] Rius. “El fracaso de la educación en México” Ed. Posada, México, 1994, pp. 120.[2] SARTORI, Giovanni, Homo videns. “La sociedad teledirigida”
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